Lo que debes saber sobre depósitos bancarios

Los tipos de depósitos básicos son muy sencillos de entender y contratar. La regla general en los depósitos es que a mayor plazo, mayor rentabilidad. Si se retira el capital o una parte del mismo antes del plazo pactado, las entidades suelen penalizar la operación.

Además de los depósitos más básicos, existen productos más complejos, que pueden relacionar la rentabilidad a la evolución del valor de una acción o de un conjunto de acciones o incluso a un evento futuro. En cualquiera de estos casos, la recomendación general es contratar siempre sabiendo lo que se está haciendo, es decir, lo que se puede ganar y también perder.

De los beneficios que se obtienen de los depósitos, hay que pagar impuestos. Dependiendo de cada caso, si se es persona física o jurídica, si del tipo de rentabilidad (en dinero o en especie), se pagarán más o menos impuestos. Lo importante es tener en cuenta que los beneficios de estos productos generan impuestos y que toca hacer cuentas con la Hacienda Pública, tema que es importante tener en cuenta a la hora de cobrar los intereses porque el banco puede retener una cantidad en concepto de anticipo de impuestos y porque al hacer la declaración de la renta, en el caso de las personas físicas, toca hacer cuentas con el fisco.

Por último, otro punto a tener en cuenta es que las únicas entidades que pueden captar depósitos son los bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito. Cualquier otro tipo de empresa no puede captar depósitos de ninguna manera, ya que no están supervisadas por el Banco de España. En este punto, es importante no confundir un depósito, que es lo que se ha contado hasta ahora en sus formás más básicas, de una inversión o una aportación de capital para un proyecto de una empresa o particular. Son cosas distintas, aún cuando a cambio de esa inversión de capital, en ambos casos se espera una rentabilidad a cambio.